La lengua como resistencia

Alessander Segovia Haas

Es cierto que escribimos para no sentirnos solos. El que escribe desde sí mismo afronta la soledad como un triunfo. Está solo ante el mundo y ante los otros. Por eso buscamos extendernos las manos, los ojos, la palabra. El que escribe también busca una manada que lo rescate del homo videns. Ante el riesgo de la efímera memoria, encuentra en la colectividad la palabra que es tabla de salvación, la otra mano terca que tampoco quiere callarse. En Ja´ab nos reunimos en torno al fuego de nuestros ancestros, nos unió esa otra voz que de vez en cuando retumba en  las calles del pueblo maya que sobrevive.
En Campeche, seis jóvenes nos juntamos para crear una novela colectiva en la que nos propusimos representar la tragedia actual y un renacer posible a partir del caos. En ella se disiente el drama ambiental y político en tiempos apocalípticos que lleva a los protagonistas a replantearse el mundo y regresar a los orígenes.
Guardo gratos momentos de los muchos instantes del proceso: cuando nos tocó pensar cómo se titularía la obra fue una buena noche en un café de la ciudad, acordándonos de la historia que habíamos diseñado protagonizada por un joven de Pomuch que sale a cumplir sus sueños. Se me ocurrió que la metáfora de la historia radicaba también en lo que significa mi pueblo en lengua maya: Ahí donde se tuestan los sapos. En la novela, el joven se pierde y se olvida del origen, de lo esencial y del amor, por eso decidimos ponerle Ahí donde se quiebra la piedra. Ya se sabrá el porqué.
En Pomuch, mi pueblo, para el Día de Muertos, se acostumbra a desenterrar los huesos de los muertos y depositarlos en osarios y cada año sus familiares los limpian y conviven con ellos. Parece una escena de realismo mágico. El cementerio es un pequeño Comala donde los muertos y vivos habitan el mismo sitio. Aquí se cumple lo dicho por el poeta Jaime Sabines: “¡qué costumbre tan salvaje esa la de enterrar a los muertos!”. Pues aquí nos miran a diario. Están aquí todo el año, junto a nosotros.
Son muchas cosas que nos ha dejado este proyecto a todos los que participamos: Berenice, Andrea, Luis, etc., estoy seguro que todos tienen algo que decir sobre él. El Proyecto Ja´ab es un vehículo de expresión que puede explotar en la conciencia colectiva. No somos pretenciosos, pues no creemos que con esto la discriminación y la manipulación hacia los indígenas se acabe; sin embargo, ahí tenemos a la literatura como herramienta y a la lengua como resistencia.

Párrafo del libro Ahí donde se quiebra la piedra (Proyecto Ja’ab) escrito por Alessander Segovia Haas en el cual el protagonista se enraíza otra vez con la Madre Tierra:

“Ya dormido, se sumerge en una muerte momentánea. Está cansado de todo. Aburrido de ser él. Invariablemente entristecido, ahoga su rostro en la almohada. Inerte, el sueño se apodera de su cuerpo y resta inmóvil, sin defensa, cuando lo vienen a visitar y le rasgan el pensamiento.

  • Te toca soñar el sueño de tus abuelos, el que te pertenece, porque una sombra se ha puesto tus ropas y tus zapatos. Hijo mío, ¿sientes las piedras descansar fuera de ti? ¿Te sientes cómodo entre mis olas? No es la hamaca la que te mece. Son mis manos. Estás entre el hueco de mis manos, frágil, sollozando tus días, son muertos desde que te dejaste abandonado. Mira esta piel que traigo, seca, agrietada, golpeada con un martillo de carne; estoy putrefacta, enterrada en una tumba al aire libre. No llores. El maíz está ensangrentado. ¿Me reconoces hijo? Saliste de mis entrañas, de algún hueso, de una madera recién cortada. Brotaste de mi tronco como un hongo, me enfermaste la corteza, respiraste sobre mí como un viento malo. No descompongas tu rostro. ¿Quién va a llegar a quitarte los recuerdos?, ¿qué dios, qué demonio hurgará en el origen de tu camino? Tu verdadera madre es la que está envuelta en un mar insoluble. Ahora, escúchame, conversa con mis vestigios, con la ruina que es mi boca, con estos labios infértiles. Contéstame pronto, que a esto vengo. ¿Cuál es la palabra precisa para consolar a quien pierde a un hijo?(…) Todo es mortal. La belleza de tus párpados, el ruido de la selva, el fuego que abrasa las cinturas dormidas de la sabana… Pero se puede prolongar la estancia, el machete que resonaba la piedra, el elote que se cayó dos veces antes de que la plaga y mi soplo derribaran la cosecha. Mírame. Dentro de mi mirada tengo corazones en lugar de ojos. Aquí duermen bien las hojas; encima de mi pecho materno, se abren y florecen las especies y los troncos, dedos de la tierra cansada. Caen pesadas como saliva de huracán y auguran un otoño entumecido entre mis cabellos. Yo tiré abajo tu puerta, el café de mis dientes se disipa en tus suspiros emanando tus voluntades. Si, te acuerdas, mi cuerpo era una luz inagotable, un cerrojo donde se miraba el atardecer. ¡Y cómo te vengo a ver ahora! Mi cuerpo está oscuro y oculto. Larvas de la carne nacen en sus hoyos. Los poros son prisiones donde se revuelcan los restos de mi voz. No se ve mi traje. Mi ropa está muerta y tirada bajo el cuarto, tirano de esta terrible habitación sin estrépito. Ven a verme. Acércate. Mi rostro ya no tiene ojos, ¿acaso estas cuencas no son la soledades más sinceras? Ahora hay que hacer temblar la Luna para que caiga a mi lado, para que me dé lumbre y pueda ahuyentar el insomnio, para que no maten a mis hijos. Pero hoy solamente me quedé aquí, sin diamantes en la superficie, sin el coral creciendo sobre la lengua, sin las escarchas de la neblina como la última vez que me lloraste en aquellos tiempos fugaces y tiernos cuando amabas el incendio de las luciérnagas. Todo eso forma parte ya de una nostalgia pasada y futura. Nada queda de eso cuando alimentabas los pétalos desde donde te oía trabajar. Un respiro en la memoria, un aleteo de la sonrisa inmóvil junto a tu cuerpo. He andado descalza, he oído pueblos enteros resistirse al plomo, ladridos en el tejado cuando me humillaron y abandonaron encima de sus ciudades… Me dueles desde el territorio distante del alma. He amanecido sin ojos, con pestañas pesadas que no me dejan tocarte (…) Es triste cuando se siente miedo por la luz, por la geometría y sus formas, por esas cosas que se adivinan sin ciencia, triste como la pobreza de un recuerdo, como el resplandor de un ocaso, o la música del tren aplastando al ser durmiente platicando por última vez con su vibrante nostalgia. ¡Qué cruel es el Sol cuando se refleja en el espejo! Pero ahora llego y te descubro. Eres un átomo vacío de la sustancia de Dios. Has puesto cenizas dentro de tu garganta y tu sudor forma minúsculos planetas pendientes de mi milagro (…) Perdona a tu pueblo, perdónalo por sucumbir en los escombros de su pensamiento y dejarlos en la libertad para disparar a las palomas. La paz sea contigo, pequeño, hijo de todas las madres que arrullan el universo con su canto. Tu raza me bendijo antes de partir. Solamente queda renacer virgen de toda culpa… Vienes de aquí cerca, traspasaste el lodo. El terreno se ha cansado de tanta compasión. Así como me encuentras, agazapada, espero las lluvias para terminar la cosecha, pero tú ya no la cargarás en la espalda. Se ha abierto para que entre el que eres. Si te hablo en la lengua sagrada ya no me entenderás; eso se queda solamente para los que sobrevivieron amando las raíces, defendiéndolas. Pero ven, siéntate junto a mí, dime qué has hecho mientras se derrumbaban las paredes, los sueños, las confesiones y las promesas. A mí todo me falta y nada tengo. Me falta tu voz como un viento que espero para apaciguar este calor infame, me faltan tus ojos como el agua en el que enjuago mi dolor. Ahora, más que nunca, me faltas, como un brazo, como una pierna, me faltas como mi corazón”.
*Nace en Campeche el 17 de octubre de 1992. Es pasante de la Licenciatura en Literatura por la Universidad Autónoma de Campeche, coeditor de la revista científica Sociedad y Ambiente de El Colegio de la Frontera Sur y coautor del libro Voces de la Ceiba y del compilado sobre narrativa de Julio Cortázar Queremos tanto a Julio. Ganó el concurso de Poesía Joven del Estado de Campeche y el segundo concurso de cuento universitario Voces de la Ceiba. Es uno de los autores de Ahí donde se quiebra la piedra, novela colectiva del Proyecto Ja’ab ambientada en Campeche y en Pomuch, su lugar de origen.

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