Joan Serra Montagut

Si preguntáramos a cualquier joven (o a cualquier adulto) cuándo fue la última vez que visitó una biblioteca pública quizás lograríamos que los gestores de las políticas públicas de fomento de la lectura se asustaran. Sí, las bibliotecas públicas no son visitadas como se espera. ¿Cuál es el motivo? La televisión, sin duda, es un contrincante casi imbatible pero hay otros factores que pueden explicar esta desertización de usuarios y usuarias en la región donde hemos trabajado.
Enlazando con la necesidad de fomentar libros regionales que faciliten una lectura cercana que emocione al lector con referencias familiares y con inputs reconocibles fácilmente nos sorprendemos al comprobar que en las bibliotecas públicas del área maya, por ejemplo, no existen muchas publicaciones de este tipo ni secciones destinadas a los más jóvenes. ¿Qué motivación puede tener un joven de 15 años para ir a una biblioteca pública si no encuentra ahí libros regionales o juveniles, libros llamativos y contemporáneos  y, sobre todo, libros hechos por otros jóvenes como él, que sienten lo mismo que él y que plasman emociones compartidas? ¿Qué motivación tendrá este joven si los libros que puede leer, en muchos casos, son meramente de consulta o novelas escritas por autores extranjeros, de imaginarios ajenos y de cosmovisiones alejadas? ¿Qué motivación puede tener un joven indígena de 15 años si al querer leer un libro de aventuras sobre un joven mago del Mayab solamente encuentra historias sobre un mago inglés que se gradúa en Hogwarts? Todo lo emocionante, lo bonito, lo dramático, lo intenso… siempre sucede, a ojos del lector, fuera de las fronteras de México, de América Latina y de todos aquellos territorios medio olvidados en las grandes decisiones globales (y también de la ficción mundial) que, sin embargo, almacenan en su interior una abrumadora cantidad de elementos brillantes y propios que podrían llenar, por sí solos, cientos de bibliotecas.
Quizás los jóvenes del área maya no visitan las bibliotecas, pero estoy convencido de que a muchos de ellos y ellas les gustan estos espacios. La biblioteca es, por antonomasia, un lugar romántico y bello. Esta opinión no es inventada. Surge de tres conversatorios que hicimos con bibliotecarias y con usuarios/as de bibliotecas públicas del Estado de Yucatán. El primero se realizó en la costa de Progreso. El segundo, en el interior del estado, en Tekax. Y el tercero en Maní, una ciudad histórica y legendaria donde, según la tradición popular, viven los brujos de Yucatán (que no estudiaron en Hogwarts), conocedores de los secretos de la naturaleza.
En estas conversaciones, se detectó la importancia de poseer en las bibliotecas unos libros elaborados por jóvenes inspirados en temáticas regionales. Casi 700 bibliotecas se esparcen por los estados federales de Quintana Roo, Yucatán, Campeche y Chiapas entre selvas frondosas, playas paradisíacas, manglares, lagunas y cenotes sagrados que son las cuevas naturales que los antiguos mayas utilizaban para acceder al Xibalbá o inframundo. 700 espacios que reciben fondos anuales y que, poco o mucho, son defendidos y protegidos. ¡700 oportunidades para generar un cambio necesario! Las bibliotecas públicas son, en esencia, espacios defensores a ultranza del saber y de la cultura. Lo fueron, lo son y lo serán siempre. Tenemos dos opciones: olvidarnos de las bibliotecas, renegar de sus potencialidades y de sus enormes posibilidades y criticar su escasa capacidad de atracción o usarlas como altavoz de las nuevas metodologías participativas que requiere el mundo para ser un poco mejor, como plataformas de intercambio y de diálogo y de defensa de las tan denostadas libertad de expresión e interculturalidad en México. En las bibliotecas se puede leer y crecer y ninguna mente obcecada y poderosa puede prohibir que un niño, que un joven, que un adulto o que un adulto mayor sueñe e imagine nuevas rutas en el devenir colectivo. Las bibliotecas están ahí, esperando con los brazos abiertos, para ser utilizadas con cariño y responsabilidad.
El Proyecto Ja’ab tiene muchos inicios y muchos motivos detonadores. Uno de ellos fue, sin duda, la imperiosa necesidad de dotar a las bibliotecas de la región maya de un material de calidad, innovador y atractivo que, realizado por jóvenes de la región, fuera un material de lectura cercano y llamativo que animara a los jóvenes lectores de la zona a profundizar sobre su identidad cultura individual y colectiva. Pero el principal fue la imperiosa necesidad de centrar la atención del mundo en la juventud y en el poder incorruptible que tiene para escribir el futuro.

 

Leyendo la Nueva Era

Después de un año de conjeturas y malos presagios, el 21 de diciembre de 2012 llegó y nada aparentemente fatal le ocurrió a nuestro planeta. Muchas personas, animadas por ínfulas New Age o por un interés especialmente morboso creyeron en la llegada inminente del Fin del Mundo. La cultura maya, sabia conocedora de los tiempos celestes y de la infinidad cósmica, calculó que la noche del 21 de diciembre de 2012 el mundo moriría para revivir el día siguiente en una Nueva Era, que no tenía calendario y que, para muchos, era un salto al vacío, a la nada donde no existe ni el tiempo ni el espacio. Para esta cultura originaria, sabia conocedora, también, de los ciclos de la naturaleza, el 21 de diciembre era la oportunidad para despedir al Viejo Sol y dar la bienvenida al Nuevo Sol.
Tuve la suerte de asistir, en estas fechas, al Encuentro Nuevo Sol celebrado en Cancún, muy cerca de una playa turquesa y al lado de la pirámide de El Meco. Estuvimos muchas horas despidiéndonos del viejo mundo purificándolo y lanzando deseos al vuelo por si el Nuevo Sol los quería cazar. La noche fue larga y cuando despuntó el nuevo día algo muy especial, que no sabría describir con palabras, ocurrió. A continuación adjunto parte de un manifiesto que autoridades mayas de toda la región donde trabajamos, junto con diversas instituciones culturales y espirituales, rubricaron de manera conjunta para sentar las bases de lo que, para ellas, era la Nueva Era. Lo hicieron en Punta Gorda (Belize) el 15 de mayo de 2011:

Las organizaciones participantes en el Onceavo Encuentro Lingüístico y Cultural del Pueblo Maya expresamos una vez más al mundo el pensamiento milenario de nuestras abuelas y abuelos y la profunda decisión de seguir siendo un pueblo con identidad histórica propia y seguir contribuyendo con nuestros conocimientos y aportes culturales al desarrollo de la humanidad.  Como todas las culturas originarias del mundo queremos mantener nuestra identidad cultural y energética, conservar nuestras formas de ver el cosmos, los centros ceremoniales, nuestra manera de hablar y de pensar y, sobre todo, queremos hacer realidad la posibilidad de que –donde sea que vivamos- seamos respetados y que no haya discriminación, violencia ni pobreza.

La intención que nos alienta desde la vivencia es llevar un mensaje que promueva la necesidad de un cambio en la forma de experimentar la vida. Este llamamiento es un mensaje a toda la humanidad, sin distinciones, para que cambiemos el enfoque doloroso con que hemos asumido la existencia por un enfoque en concordancia con las enseñanzas de nuestros ancestros, de nuestros abuelos y abuelas, en armonía con la Madre Tierra y con el Universo. Lo hacemos desde un respeto profundo hacia todas las culturas y formas de ver el mundo. Partimos del reconocimiento de que todo lo que existe es la otra parte de cada uno y que todos somos parte de la evolución hacia un conocimiento colectivo, un nuevo renacer de la conciencia y la sabiduría superiores.

La solución es activar un proceso real de reencuentro de todas las culturas, de todos los pueblos y naciones. Sabemos que si encontramos un modo de juntarnos y unirnos habrá esperanza. Debemos fortalecer y desarrollar la conciencia humana que necesitamos para transformar lo injusto en justo y poder superar colectivamente los grandes cambios que se están produciendo a nivel físico en el planeta (…).

La búsqueda de una nueva época de luz y armonía no puede tener una humanidad basada en la economía militar ni en un sistema no equitativo de distribución de la riqueza representado en el dinero, la riqueza virtual y la especulación financiera. Promovemos un reencuentro basado en la necesidad de una reorganización de la sociedad, principalmente en el ámbito de los principios y los valores, el respeto por las culturas originarias, la educación, el arte y el medio.

Es necesario que se instale en toda la humanidad la conciencia de que, a partir de una nueva sensibilidad, se abrirá un campo de nuevas e infinitas posibilidades. Por ello, se invita a todas las personas a sumar esfuerzos y a compartir la responsabilidad de cambiar nuestro mundo para iniciar el desarrollo de una nueva comprensión dirigida a la construcción de una sola Nación Humana y Universal. Todas y todos somos necesarios. No estamos aquí sin ninguna razón. Cada persona es importante y todas y todos tenemos un trabajo que llevar a cabo para contribuir y equilibrar nuestra Madre Tierra. Los antiguos sabios mayas señalaron a esta época como la edad de Itzá, una edad de conocimiento que comenzó a finales del año 2012. El ideal espiritual de esta Era es la acción basada en los conocimientos sagrados de las culturas ancestrales.

 

Seguir siendo un pueblo con identidad histórica propia… llevar un mensaje que promueva la necesidad de un cambio en la forma de experimentar la vida… todo lo que existe es la otra parte de cada uno y todos somos parte de la evolución hacia un conocimiento colectivo… activar un proceso real de reencuentro… poder superar colectivamente los grandes cambios que se están produciendo… reorganizar la sociedad en base a los principios y los valores… una nueva sensibilidad… nuevas e infinitas posibilidades… compartir la responsabilidad de cambiar nuestro mundo…

El Proyecto Ja’ab bebió de este mensaje vibrante de cambio colectivo para generar un modelo genuino de gestión intercultural y educativa y de fomento de la escritura y de la lectura desde la sociedad civil a través de la colectividad, el altruismo, la creatividad y la reflexión generacional. La estrategia genuina de cambio social que propone el Proyecto Ja’ab parte de una confianza ciega en lo colectivo y en la solidaridad de pensamiento. Solamente compartiendo lo que somos y todo lo que sabemos seremos capaces de crecer socialmente, de romper diferencias y de superar lacras que ya se demoraron demasiado en desaparecer.

El Proyecto Ja’ab inició su actividad real a principios de 2013, el año 0 de la Nueva Era. El año en el que, aparentemente, todo volvía a empezar de nuevo. Reuniendo nuestras ganas enormes de defender la libertad de expresión y la interculturalidad, de dar voz a los jóvenes y de hacer algo realmente útil para la sociedad de manera colectiva para demostrar que somos dignos de liderar el futuro global empezamos a cosificar nuestros sueños, a hacerlos palpables, táctiles y reales. El Proyecto Ja’ab empezaba a existir, a ser, a pesar de las dificultades, sobre todo económicas, que hemos encontrado en el sendero.
El objetivo del Proyecto Ja’ab era (y es) construir una colección de libros que se reparta entre las bibliotecas públicas de la región maya para fomentar la lectura y renovar los acervos de los equipamientos públicos. Lo hemos hecho de un modo un tanto especial: creyendo en el poder de lo colectivo y en la necesidad de enlazar a los jóvenes con el compromiso cívico con todo lo público, decidimos que los autores de estos libros fueran ellos mismos. Que escribieran, a través de distintos lenguajes literarios 12 libros elaborados en 12 ciudades distintas. Cada libro trata acerca de una temática diferente y los centros urbanos de la región maya, que son los mayores núcleos de población y los que, por convivencia con los avances de la modernidad, abandonan más rápido el enraizamiento cultural con la esencia maya, se convierten en escenarios de creación y reflexión. Los jóvenes de la región maya, cuando el proyecto concluya, podrán leerse entre ellos, conocerse y autoreconocerse, vincularse a través de los libros y encontrar puntos en común en una zona totalmente pluricultural, donde confluyen jóvenes mestizos, de tez blanca, indígenas, afrodescendientes, extranjeros, hijos y nietos de emigrantes libaneses, católicos, adventistas, protestantes, etc. Todos ellos, sin excepción y sin diferencias, han tenido voz y un espacio muy especial en nuestra colección.
La producción de los libros se realizó a través de talleres participativos y temáticos que se fueron concadenando a medida que el proyecto iba avanzando. Nuestros doce libros simbolizan los 12 meses de este año 0 que ya queda un poco lejos (estamos a mediados de 2016) pero cuyo mensaje no perece. Algunos de ellos ya se están imprimiendo con el apoyo de varios fondos que hemos ido logrando y los otros lo harán, próximamente. Al final, estos doce libros tan especiales se diseminarán por todo el territorio maya expandiendo un mensaje optimista de cambio que surge del corazón de la juventud, del lugar profundo y lejano donde nacen los sueños. Es para incrementar el número de lectores y el número de usuarios de las bibliotecas públicas que este proyecto –el Proyecto Ja’ab- ofrece los 12 libros, de gran valor añadido, que ensalzan el poder de lo público y constituyen materiales de calidad gratuitos y de libre acceso para toda la población. Nuestra innovación educativa es un experimento (creemos que exitoso) y pretende revertir los índices de absentismo en las bibliotecas y la falta de hábitos de lectura a través de la confección colectiva de libros hechos por los propios jóvenes que, en su momento, serán los consumidores de dichos materiales, promoviendo la lectura cercana y regional con estética autóctona.
A través de esta herramienta educativa y cultural de excepción, también se logran vencer las lacras que queremos eliminar desde su raíz, como el tedio, la falta de oportunidades y de cohesión social entre los jóvenes en la región maya, la falta de un compromiso cívico con los espacios públicos, etc. La solución es literaria, educativa, horizontal, debatida y custodiada por el diálogo permanente y la cooperación voluntaria e intercultural. Pretende ser un ejercicio que permita fomentar la lectura a nivel regional con contenidos cercanos y vividos por los lectores y los protagonistas de las historias casi en el mismo instante, pues los lectores son productores de sus propias historias.
El resultado de los viajes, los talleres y las largas horas de carretera, de correcciones, de revisiones y de esfuerzo colectivo son estos doce títulos, elaborados en estas doce ciudades sobre las siguientes temáticas: Memorándum (San Salvador, memoria histórica), El renacimiento (Copán Ruinas, patrimonio); Mi bello Atitlán (Santiago Atitlán, fe y espiritualidad); Patojos y patojas de Jocotenango (activismo juvenil y arte urbano constructor de paz); Belizean rhythms (Belize City, música); Bitácora (Tulum, arte); Etail-suku’un (Cancún, identidad); La semántica intercultural (Valladolid, lenguas originarias); Somos (Mérida, mujer); Ahí donde se quiebra la piedra (Campeche, creación literaria) y Radiografías (San Cristóbal de Las Casas, adultos mayores). El Salvador, Honduras, Guatemala, Belize y México hermanados a través de los libros gracias a una iniciativa independiente y horizontal, popular y libre como el viento que nos impulsó, cada día, para que no aminoráramos el paso.
A través del Proyecto Ja’ab se ha demostrado que los jóvenes de la región maya actual están motivados para crear y para expresarse. Si no lo hacen más no es porque no tengan ganas o porque no consideren que sea importante sino porque, en muchos casos, quizás no tienen la vía ideal para difundir su mensaje. ¡Abran bien los oídos, tenemos ganas de expresarnos! ¡Abran bien los ojos, más de 1.500 páginas están dispuestas a revolucionar el panorama editorial de la región maya y de sus bibliotecas públicas!
La semilla del Proyecto Ja’ab se puede encontrar en el libro Ja’ab, que autopubliqué a principios del año 2012.  Dicho libro contenía 12 historias, desde el nacimiento de un bebé en San Salvador hasta el paseo nocturno y decembrino con rictus fantasmal de alguien que ya ha muerto en San Cristóbal de Las Casas, que pretendían demostrar que, seamos de donde seamos, somos iguales y todos buscamos lo mismo: amor, comprensión, compañía, justicia y libertad. Cada historia acontecía en las 12 ciudades mencionadas anteriormente. El libro era mi manera de honrar una tierra que, desde el año 2008, siempre me ha abierto las puertas con calidez. El libro era una manera, también, de intentar lograr el sueño de convertirme en escritor.

Los jóvenes, los grandes protagonistas del Proyecto Ja’ab

El trabajo colectivo del Proyecto Ja’ab ha integrado a jóvenes (y también a adultos mayores en dos de los libros, y niños y niñas) de todas las  edades comprendidas entre los 14 y los 30 años. Han sido, mayormente, jóvenes de origen urbano y hablantes de español, pero también han participado jóvenes procedentes de la cultura maya peninsular, de la cultura chortí (Honduras), de la cultura tz’utujil (Guatemala), de la cultura garífuna (Belize) y de otras culturas originarias de la región.
Jóvenes de todos los orígenes sociales posibles, aspectos, personalidades, historias y visiones del mundo se han unido en un frente común para fomentar la lectura. La gran riqueza de esta variedad generacional se aprecia en los 12 libros de la colección, que conforman un entramado colorista y vibrante, un mosaico del pensamiento urbano juvenil actual en la región maya, lugar de contrastes y de hechos históricos relevantes. Una región que integra una de las fronteras más transitadas del planeta, donde acaecen temibles atentados contra los Derechos Humanos. La ciudad más peligrosa del mundo (San Pedro Sula) se encuentra en esta zona, donde también se registran altos índices de bullying y de violencia intrafamiliar y escolar, así como altos niveles de abandono escolar, de racismo, de segregación de los pueblos indígenas, de violencia de género, de falta de oportunidades, de desigualdades económicas flagrantes, de delincuencia y, finalmente, de falta de hábitos de lectura. Entre muchas otras brechas.
Una región muy compleja a nivel social, con ciudades macro-turísticas (Cancún y Tulum, en la Riviera Maya) que desdibujan las identidades propias; con urbes donde la delincuencia y el vandalismo son salidas comunes a situaciones de escasas posibilidades de progreso personal (San Salvador, Copán Ruinas, la periferia de Antigua Guatemala y Belize City); con espacios urbanos que pretenden integrar la multiculturalidad y vencer el racismo endémico de la región (San Cristóbal de Las Casas) y con ciudades que perviven en un equilibrio interesante pero frágil entre los vaivenes de la modernidad (casinos, grandes centros comerciales y modos de consumo impropios de la región) y de la tradición (Mérida y Campeche) y en relación directa con el imaginario indígena (Santiago Atitlán, Maní y Valladolid).
El Proyecto Ja’ab es, eminentemente, una iniciativa intercultural. Centenares de manos de orígenes y cosmovisiones diversas, resguardadas por el paraguas maya que a todas cobija, han escrito historias sobre la desaparición forzosa en la Guerra Civil de El Salvador y la tristeza de las madres de los desaparecidos, sobre el desplazamiento interno, sobre reyes que renacen en las legendarias ruinas de Copán en un día de eclipse, sobre leyendas que brotan del eterno Lago Atitlán y los volcanes que lo custodian, sobre la construcción de paz que artistas urbanos hacen día a día en su vida cotidiana, sobre la música y las tradiciones de los garífunas y su convivencia con el lejano pasado africano, sobre el arte unificador, sobre la identidad difusa en Cancún, sobre el uso del maya para ser seres más cívicos, sobre los personajes que conforman el imaginario yucateco, sobre la Noche de Muertos que en el Mayab se conoce como Janal Pixán y sobre los abuelos.
El Proyecto Ja’ab pretende promover el desarrollo comunitario urbano y la reflexión colectiva fomentando el trabajo creativo alrededor de 12 temáticas importantes para el ser humano que pueda promover, a la larga, la misma reflexión literaria en otros lugares del planeta, pues la fórmula participativa utilizada sirve en cualquier lugar y de la misma forma. Por esto es un proyecto que tiene tanta fuerza y que es fácilmente replicable en otras partes de la región, de Latinoamérica y del globo. La comunicación intercultural, la literatura y la actividad colaborativa son, para el Proyecto Ja’ab, herramientas educativas para luchar por una libertad de expresión amplia y válida que muestre los complejos entramados reflexivos de los jóvenes de una región única en el mundo, que es crisol y mosaico.

Mérida se convierte en una editorial urbana

La fase de producción del Proyecto Ja’ab es ciertamente genuina. Entre todos y todas, creamos un libro de investigación periodística, un cómic, un libro de leyendas, un libro de pensamientos y de crítica social, un libro fotográfico, un libro de arte, un libro de ensayos y teatral, un diccionario de traducción español-maya, un libro de cuentos, un poemario, una novela y un libro de entrevistas gracias a la colaboración de centenares de jóvenes y de decenas de asociaciones civiles y entidades que decidieron sumarse a nuestra aventura por el sacbé: el Museo de la Palabra y de la Imagen y el Colectivo Co-Madres (El Salvador); la Asociación de Teatro Chortí (Honduras); la Biblioteca Puerta Abierta, la biblioteca municipal de Santiago Atitlán, el Centro Educativo Comunitario Tz’utujil, la asociación Pueblo a Pueblo, el Archivo Digital Atitlán y el proyecto socioeducativo Los Patojos (Guatemala); la comunidad garífuna de Dangriga (Belize) y el Festival de los Mundos Posibles, la escuela secundaria de Cancún 15 de Mayo, la Biblioteca Municipal de Maní y la Feria Internacional de la Lectura del Estado de Yucatán (entre un largo etcétera) en México. Decenas han sido, también, los amigos y amigas que nos apoyaron de manera desinteresada y desde todos los ámbitos.
Pero la segunda fase, la de edición de los libros, la de conversión de los textos en material de lectura, es igualmente sorprendente e innovadora, y genuinamente educativo. Siguiendo la estela colectiva que nos marcó el paso desde el principio, decidimos elegir una de las ciudades participantes como epicentro del Proyecto Ja’ab y establecer ahí una editorial sin precedentes. La elegida fue Mérida, la Ciudad Blanca, la T’hó maya y la capital del Estado de Yucatán. Ahí, diez universidades, como diez dedos de dos manos productivas y trabajadoras, se vincularon para profesionalizar a sus estudiantes en diversas fases editoriales del proyecto y para que cada uno de ellos aportara su particular grano de arena.
Las universidades encargadas de editar colectivamente los 12 libros fueron la Universidad Autónoma de Yucatán-UADY (corrección de estilo y revisión), la Universidad Marista (redacción de uno de los 12 libros y diseño de campañas promocionales del proyecto), la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ilustración), el Centro Universitario Felipe Carrillo Puerto (diseño de una campaña de socialización de los libros), la Universidad Interamericana de Desarrollo-UNID (filmación de pequeños reportajes periodísticos sobre el fomento de la lectura), la Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM (estrategias interculturales de fomento de la lectura de la colección a través de relatogramas promocionales) y la Universidad Mesoamericana de San Agustín (campaña de comunicación local del Proyecto Ja’ab).
Destacamos especialmente, por su peculiaridad, la participación de la Universidad del Valle de México-UVM que, a través de sus estudiantes de Arquitectura, ideó un centro cultural inspirado en el Proyecto Ja’ab e incluso presentó las maquetas en un acto público. También destacamos la participación de los alumnos y alumnas de la TSU en Diseño Digital (Área de Animación) de la Universidad Tecnológica Metropolitana-UTM, que durante largos meses versionaron los 12 libros colectivos y el libro matriz (de mi autoría) en breves cortometrajes animados, creando de este modo la primera película de animación realizada por jóvenes de la región a coste 0. La colaboración de las universidades emeritenses es una pieza de importancia indiscutible para nuestro proyecto y es un referente para crear nuevos espacios de cooperación universitaria en la región.
De todas ellas, cabe agradecer la participación fiel e imprescindible de la Universidad Modelo que, a través de su Escuela de Diseño, de la maestra Ana Bretón y de los alumnos (ya egresados) Arbee, Annie, Jessica, Óscar, Eduardo, Luis, Ady, Bruno Carlos y Manuel) que realizó el diseño y la maquetación de los 12 libros y también los logotipos de SOM Editorial Colectiva y del Proyecto Ja’ab. Por ello, la Guía de Diseño Mexicano nos reconoció, en la Ciudad de México, por ser la mejor práctica de diseño universitario del país. Los libros contienen, en sus portadas, los glifos del Nuevo Lenguaje Maya cedidos por la artista salvadoreña Frida Larios, gran amiga del Proyecto Ja’ab. Larios hizo una investigación profunda de los glifos antiguos del pueblo maya para diseñar nuevos iconos visuales reconocibles por todas las comunidades originarias que, por ejemplo, no sepan leer. Las formas curvas, los colores y los motivos… todo apela al alma maya de todos los habitantes de esta tierra. Esperamos que nuestros libros también lo hagan.

SOM Editorial Colectiva: un motor plural

Inmediatamente supe que la mejor solución era crear el nuestro. Para lograr que el Proyecto Ja’ab se termine con éxito y que otros proyectos basados en el mismo modelo participativo se puedan realizar creé en Mérida, Yucatán, una asociación civil sin fines de lucro y legalmente registrada que se llama SOM Editorial Colectiva, que nació el 21 de mayo de 2014, Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. En mi lengua natal, que es el catalán, som significa somos. La editorial pretende publicar libros elaborados de manera colectiva (sobre todo por  jóvenes u otros colectivos vulnerables como las mujeres, la infancia o los adultos mayores) que traten la temática de la identidad como eje principal y que logren fomentar la lectura entre las nuevas generaciones.
El logotipo de SOM, realizado de manera colectiva con estudiantes de la Universidad Modelo, incluye un gran ojo como elemento central. Un ojo que lee, que vigila, que busca, que nunca se cansa de desgranar el grano de la paja. El logotipo del Proyecto Ja’ab, sin embargo, es una mazorca (elemento troncal de la cosmogonía maya y mesoamericana) que emula el 0 maya. La literatura como alimento que brota y que nutre el alma y el espíritu en el año 0 en el cual todo volvió a empezar de nuevo. La mazorca incluye 12 colores que son los mismos que conforman las portadas de los 12 libros. Del blanco al chocolate, la colección del Proyecto Ja’ab es una evolución física de los colores más claros, a los colores neutros y a los colores más oscuros, de tonalidades terrosas y cálidas. Algunos han querido ver los distintos tipos de pieles que habitan en la región en estas tonalidades. Otros, los distintos tipos de maíz. Hay opiniones para todos los gustos pero sí, la intención básica de la diversidad cromática era mostrar, también, la diversidad cultural que sobrevive en esta región bendecida por dioses del sol, de la noche, de la lluvia y del inframundo.
A través de la literatura promovida por SOM, los jóvenes se reidentifican con sus raíces y las reivindican y de este modo se promueve la autoestima regional y el surgimiento de nuevos sectores artísticos y educativos emergentes. El cambio social parte de la revolución ciudadana y de la participación de todos los actores de la sociedad y esto es precisamente lo que pretende el Proyecto Ja’ab en la región maya actual y SOM Editorial Colectiva en todas sus actividades no lucrativas: motivar el movimiento, la crítica, la participación activa y la conciencia de los jóvenes para estimularlos en la lucha por un mundo mejor,  siempre a través de la educación y de la implicación social.
La intención de SOM Editorial Colectiva es seguir creciendo en los próximos años para poder expandir y replicar el modelo creativo y pedagógico del Proyecto Ja’ab en otras regiones del mundo vinculando a los jóvenes a través de los libros y de la introspección literaria, colectiva y profunda de sus identidades compartidas.
Desde SOM Editorial Colectiva creemos firmemente en la importancia de la educación no formal, pero también en las forzosas modificaciones que el sistema formal de educación debe realizar en sus programas académicos para que se promueva, entre los más jóvenes, todo tipo de capacidades y habilidades, sobre todo las expresivas y conductuales. Creemos, también, que la propia sociedad, en todas sus áreas (no solamente en la educativa) tiene que confiar en nuevos parámetros de conocimiento, solidaridad y construcción colectiva. Por último, creemos en los postulados del pedagogo brasileño Paulo Freire y los aplicamos en nuestra práctica literaria:

“La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra”.

“El acto de escribir implica replantear, innovar y transformar”.

“Aprender implica percibir, repensar y sugerir”.

“Aprender y escribir son procesos sincrónicos que permiten la ruptura de paradigmas mediante la conciencia cotidiana”.

Tenemos, en SOM Editorial Colectiva, un manifiesto que describe fielmente nuestro espíritu y nuestra misión:

“SOM Editorial Colectiva nace del poder revolucionario de la literatura, de la colectividad, del grupo y del acuerdo, del respeto y de la colaboración, de la diversidad y del pluralismo, del intercambio y del diálogo, de la reflexión identitaria, de la libertad, de la ilusión, de la palabra y del silencio, del recuerdo y de la memoria, de la democracia y de la igualdad, de la creatividad y de la imaginación, de la participación entusiasta e idealista, de nuestra parte más humana, del corazón del planeta, de la tierra, de la raíz, de la búsqueda colectiva por responder preguntas eternas, del pueblo y del contacto entre pueblos, del talento y de la verdad, de la crítica constructiva, de la necesidad de fomentar la lectura, del deber por construir una sociedad preparada y culta, de la oportunidad de diseñar un nuevo mundo cargado de infinitas posibilidades”.

SOM Editorial Colectiva nació en el corazón de la región maya, en la capital del Estado de Yucatán, la Ciudad Blanca de los conquistadores Montejo, la vieja ciudad maya de Th’ó. La región maya cuenta con innumerables posibilidades para la reflexión, la creación artística y la producción de materiales editoriales que permitan reconocer la contrastada realidad de los jóvenes pero también sus enormes capacidades para superar realidades duras y para fungir cambios positivos en sus entornes más cercanos. Creemos firmemente en las enormes potencialidades que tiene esta tierra maravillosa bendecida por los dioses, sobre todo por Chaac, el Dios de la Lluvia, narigudo y solemne, que en pleno trópico estalla cuando uno menos se lo espera fertilizando la tierra y las almas.
El área maya, con sus grandes contrastes y su riqueza cultural de incalculable valor, es una región que concentra, en su pequeño espacio geográfico, todos los retos, las desigualdades y las grandes oportunidades de los jóvenes mesoamericanos y latinoamericanos y es el mapa operacional del Proyecto Ja’ab. De gran enraizamiento indígena, el área maya también dispone de una red urbana en proceso desigual de crecimiento y pluralización. Es en las ciudades y en los entornos urbanos donde hemos desarrollado donde nuestra metodología porque es en las ciudades donde se vive un mayor desarraigo juvenil con las tradiciones originarias y el imaginario colectivo, plagado de historias, mensajes y anécdotas que los jóvenes del Proyecto Ja’ab han logrado retener modernizándolos para la una lectura más actual y cercana.
En todo el mundo, las ciudades son centros, tradicionalmente, de difusión de nuevos saberes y de nuevas prácticas que pueden ayudar a congeniar la superación de retos actuales con valores que respeten el patrimonio, la tradición y los saberes del pasado. Las ciudades del área maya no disponen de ninguna herramienta cultural alternativa, horizontal y rompedora que les permita vincularse de una manera reflexiva y simbólica. El Proyecto Ja’ab, con su propuesta editorial e intercultural, permitirá romper esta tendencia y alimentar, en primera instancia, las bibliotecas públicas de la región y en un segundo nivel los centros de saber, escuelas, organizaciones sociales y universidades para fomentar la lectura con contenidos regionales y juveniles hechos por los propios jóvenes. La juventud de la región, de grandes contrastes, se conocen y se reconecen a través de los libros, que fungirán como espejos identitarios que permitirán una reflexión sana y rica sobre los recodos más profundos de la esencia generacional.
Este ejercicio cultural e identitario novedoso ha permitido, también, dinamizar las redes de intercambio urbano, reconocer nuevos talentos y nuevos artistas jóvenes, poner en primera plana sus esfuerzos por dedicarse al arte y a la literatura y, sobre todo, en un futuro próximo, nutrir las bibliotecas públicas de la región, muchas de ellas depauperadas o con catálogos insuficientes, con una colección de 12 libros que renovará contenidos, hábitos y conciencias.
La escritura colectiva, la que ahonda en las raíces y en las preocupaciones reales de nuestras sociedades, la que une y compromete y la que permite radiografiarnos y creer en la verdadera libertad de expresión es el motor de este sueño y también de SOM Editorial Colectiva, la entidad sin fines de lucro que tengo el honor de presidir
Mérida es la encrucijada urbana de nuestro camino colectivo, que ha paseado literariamente por otras 11 ciudades (San Salvador, Copán Ruinas, Santiago Atitlán, Antigua, Belize City, Tulum, Cancún, Valladolid, Maní, Campeche y San Cristóbal de Las Casas) a través de 12 reflexiones acerca de las 12 temáticas que alimentan nuestros 12 libros, uno por cada mes de este ja’ab tan especial.
Hemos sufrido mucho pero hemos aprendido aún más, y hemos dedicado muchas horas y mucho esfuerzo para que esta primera colección colectiva regional, de carácter totalmente independiente, sea una realidad. En ningún momento hemos dejado de caminar, de sembrar semillas para que el sueño literario fructificara, acompañados por muchos jóvenes y niños que quisieron expresarse porque apreciaban en nuestra plataforma creativa un espacio de intercambio y de sabiduría tejido colectivamente. La lucha ha sido (es aún) muy dura, pero es el momento de hacer grandes cosas porque la Nueva Era está plagada de grandes retos. Poco a poco, el camino se ha allanado y parece mentira admirar lo que hemos recorrido ya. Estamos a punto de alcanzar nuestra meta. Muchos recuerdos nos animan a seguir adelante. Estamos emocionados. Estamos felices. Sin la colaboración y el diálogo entre personas de distintas razas, clases sociales y religiones, procedentes de la cultura maya que a todos abraza e integra, esto no hubiera sido posible jamás.
Aparte del Proyecto Ja’ab, actualmente SOM Editorial Colectiva trabaja en tres proyectos en paralelo: la conformación de un libro infantil sobre la conservación del saraguato negro (especie endémica de primate en la región maya), la publicación de un libro redactado en un centro de salud mental y la publicación de un libro escrito por estudiantes de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) que narraron sus experiencias en relación con distintos espacios urbanos de Mérida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s