La creación en las lenguas minoritarias

Simona Škrabec

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Con el fin de estudiar cuáles son las condiciones necesarias actuales para la producción de libros en lenguas minoritarias, el PEN Internacional organizó entre mayo de 2014 y noviembre de 2015 encuentros y talleres y participó en ferias de libros y festivales en los cuatro países escogidos para ello: Kenia, Haití, Serbia y Nigeria. Se trataba de asegurar que la principal fuente de información sobre la situación de la industria editorial fueran directamente los editores.

Ya en la primera reunión realizada en las oficinas del PEN Internacional en Londres en mayo de 2014 se confirmó que la cuestión decisiva es la valorización de las lenguas minoritarias. La marginación de una lengua no tiene nada que ver con su número de hablantes, sino que es consecuencia directa de la falta de reconocimiento, o incluso del respeto a la realidad que suponen. Así, pues, el término “lengua minoritaria” no necesariamente se refiere a una lengua con un número reducido de hablantes, sino a cualquier lengua que haya perdido su prestigio social o rango público y no es considerada como un medio de comunicación adecuado para todas las situaciones de la vida cotidiana de sus hablantes. Invertir la situación de marginación lingüística significa que la lengua minoritaria de que se trate debe ser legitimada como una herramienta eficaz para la transmisión del conocimiento y ser vista socialmente como una lengua de cultura equiparable en dignidad a las demás.

Cabe destacar que uno de los resultados más positivos del estudio viene dado por su metodología. Los contactos establecidos entre los diferentes agentes del sector editorial han permitido poner en contacto a personas que sin este proyecto difícilmente habrían considerado el potencial que significa abrir el sector editorial a la producción de libros en lenguas minoritarias. Por otro lado, las actividades organizadas en los cuatro países transcendieron a la opinión pública e incidieron en debates a través de los medios de comunicación sobre el respeto de los derechos lingüísticos.

Finalmente, también se ha podido constatar que muchos de los factores que provocan inestabilidad y falta de interés por la creatividad literaria no son propios sólo de las lenguas minoritarias. La precariedad que afecta a los creadores en lenguas con poca infraestructura cultural se puede observar también en muchas culturas consolidadas. El mercado internacional del libro está experimentando profundos cambios y los procesos de globalización unifican las tendencias y reducen la diversidad de títulos y de opciones estéticas. En este sentido, la lucha por el respeto hacia las tendencias minoritarias que han emprendido algunas culturas no dominantes puede ser importante también para la preservación de la creatividad en todas las culturas, incluso entre las más consolidadas e influyentes.

La creatividad literaria en ningún caso debería estar sometida a los modelos de éxito comercial porque la sobreexplotación de las fórmulas comprobadas elimina precisamente la posibilidad de promover una creatividad libre, abierta y no condicionada al éxito inmediato. Los cambios que puede impulsar la creatividad son de un alcance mucho más profundo. La creatividad ejercida con suficiente libertad lleva a una transformación de la sociedad, haciéndola más inclusiva y con ello, asegura un desarrollo económico sostenible y equilibrado.

Hay que tener en cuenta que una de los aspectos que este proyecto pone de manifiesto es precisamente la imposibilidad de reunir bajo un solo concepto situaciones y realidades extremadamente diversas: Serbia, con sus nueve y medio millones de habitantes, y Haití con algo más de diez millones son dos países demográficamente comparables. En Serbia se editan al año 5.000 libros, en Haití no más de 150. El estudio se propone entender las causas de esa diferencia tan abismal.

La marginación de una lengua tiene siempre causas múltiples y complejas. Las situaciones lingüísticas en los cuatro países estudiados revelan algunas de las tipologías de marginación que se podrían sin duda alguna descubrir también en muchos otros países. A partir de ese análisis se plantea una conclusión realmente importante: Los contextos que podemos considerar “minoritarios” son tan diferentes entre ellos que no cabe esperar que para todos los casos se pueda establecer una sola vía de cómo invertir la situación y evitar la degradación de condiciones de uso y desarrollo de esas lenguas. El ejemplo más flagrante es el de la diglosia imperante en Haití, dónde la mayoría de la población usa y sabe criollo, mientras que el uso del francés está limitado sólo a la vida más oficial. Buena parte de la población no es capaz de escribir ni de entender el francés. De todos modos, la lengua que debe ser estudiada en ese caso como “minoritaria” es el criollo, porque le faltan las estructuras que le permitirían su pleno desarrollo y consolidación.

Desarrollo de la industria creativa editorial

El término “industria creativa” no puede ser entendido de modo reduccionista con la intención de producir solamente productos que puedan ser bien vendidos en el mercado, a la manera de suvenires turísticos. La creatividad tiene un poder mucho más hondo y puede impulsar cambios para transformar las sociedades y hacerlas más justas y más habitables. Cualquier pregunta sobre el rol de las lenguas minoritarias en esos procesos está necesariamente relacionada con el fomento de la capacidad del respeto hacia la diferencia, lo que convierte las sociedades en más democráticas y capaces de gestionar la diversidad, no sólo en sentido lingüístico.

La literatura existe como lengua, no tiene otra existencia. Una novela, un poema, un drama son palabras y nada más. La industria creativa con demasiada frecuencia obvia el hecho lingüístico porque en muchos otros contextos culturales consolidados, la lengua es irrelevante. En la artesanía, la pintura, los museos, la arquitectura o la música la lengua es simplemente una fuente de información, parte de una descripción o aclaración, pero no el material del cual está hecha la obra en sí misma.

La industria editorial a gran escala resuelve el obstáculo de las fronteras lingüísticas básicamente con una operación de sustitución. No pasa nada por dejar fuera a una gran parte del mercado potencial, porque el esfuerzo de adaptar los libros a las realidades distintas a las dominantes se percibe directamente como imposible. Así, en muchos contextos los libros todavía son objetos sentidos como no propios, que representan el mundo de la metrópolis y de las oportunidades, pero que no tienen nada que ver con el entorno inmediato.

El estudio demuestra que en la industria editorial persiste la convicción de que sólo es viable la producción de libros en las lenguas dominantes. Invertir esa tendencia exige cambiar la percepción social sobre el valor de las lenguas minoritarias, devolverles la dignidad, introducirlas como equivalentes en la comunicación diaria de todos los niveles y dotar a la población de la capacidad de lectura y escritura en esas lenguas, basándose en el proceso de aprendizaje formal dentro del sistema escolar.

Los bienes culturales basados en la lengua no pueden ser divulgados más allá de su propia cultura sin la traducción. Y se puede constatar que la traducción es prácticamente inexistente entre las culturas literarias marginadas. Eso significa que en la práctica quedan excluidas del legado literario mundial.

El fenómeno que habitualmente describimos con el término “literatura universal” (Weltliteratur en alemán) fue definido por primera vez por J.W. Goethe como una estructura compartida, basada en la permeabilidad de las influencias que pueden, y deben, pasar de una literatura a la otra. Sin ese intercambio constante, la innovación y la creatividad que las letras han demostrado nunca se hubieran producido.

La literatura tiene una naturaleza doble, es el hogar y es el puente hacía los otros. Las obras literarias pertenecen a sus contextos originales en los que fueron creados. Esa es su intención primera, dirigirse a su propio público. Y luego, en paralelo, precisamente la visión particular del mundo que expresan, esa voz única, hace que las obras sean interesantes para otras culturas. Es decir, las obras literarias ofrecen la posibilidad de construir un entorno propio y, al mismo tiempo, abrirlo hacia otras influencias. La ósmosis cultural permite la preservación de la identidad, pero la permeabilidad de las fronteras lingüísticas que se consigue con la traducción posibilita que la propia identidad se modifique y evolucione constantemente gracias al contacto con otras culturas.

Si la situación deseable es el intercambio constante, el pasado colonial significa algo muy diferente, la posibilidad de borrar las diferencias, de absorber y de asimilar. A pesar de que haya desaparecido la violencia de la colonización territorial, la fantasía de poder eliminar directamente las barreras y construir grandes espacios de comunicación sin mediadores está todavía muy presente en el negocio del libro. A parte de ser de difícil realización, leer en una sola lengua compartida e inspirarse en una sola tradición, resultaría tan empobrecedor que la creatividad se apagaría por sí sola.

Fomentar la creatividad significa fomentar la diversidad de opciones y el contacto con realidades desconocidas. La traducción es cada vez más claramente la única posible “lengua” de la expresión literaria. En vez de buscar la realización de un mercado único y homogeneizado, se trata de aumentar la capacidad de los intercambios, fomentar la intensidad y la frecuencia de los contactos. La mediación que ofrecen las traducciones es especialmente efectiva en los territorios donde conviven identidades diversas. La conflictividad inevitable producida por el solapamiento de las lenguas en un mismo espacio puede ser transformada en un motor de progreso y ayudar a construir unas sociedades más sólidas y más abiertas. En vez de reprimir la diferencia, se necesita no sólo la aceptación, sino una relación activa entre las culturas que comparten un mismo territorio.

Por otro lado, la traducción es el único antídoto para el peligro de aislamiento que acecha a las culturas más débiles. Con el afán de protegerse, algunas de ellas a menudo se encierran en el propio pequeño mundo, sin referentes externos. Y es esa falta de contactos que lo que acaba transformando a esas culturas en un reducto de manera permanente, difícilmente recuperable. La traducción, además, siempre debe ser pensada como una vía de doble dirección, darse a conocer al exterior y crear un espacio para las voces de los otros en el seno de la propia lengua.

Ese tránsito de entrada y salida constante es especialmente importante en contextos postcoloniales donde los hablantes de las lenguas minoritarias usan la lengua dominante sin intermediarios y se considera que la traducción a las lenguas locales no es necesaria. El error de ese planteamiento tiene consecuencias graves, ya que sin las traducciones, la lengua débil se debilita más porque le falta el flujo de la innovación, de la adaptación necesaria a los contextos actuales. Los hablantes de la lengua minoritaria efectivamente entienden las lecturas en la lengua dominante, pero su lengua propia no saca provecho de ello, porque sin la traducción, la lengua minoritaria no tienen necesidad de adaptarse ni de modificarse y así va perdiendo el paso con el mundo actual y también pierde los referentes históricos y la amplitud de horizontes que aporta el intercambio literario.

Para promover la escritura creativa también hay que promover la lectura. La lectura y la escritura son las dos caras de la misma moneda. Las iniciativas para la promoción del uso creativo de las lenguas minoritarias deben estar destinadas a fomentar el interés de los lectores hacia los autores de su entorno. Para que florezcan las artes literarias es necesario establecer una comunidad de lectores, basada en una lengua compartida.

 

Conclusiones y objetivos a largo plazo

Uno de los principales obstáculos es la insuficiente presencia, e incluso a veces, la total exclusión de las lenguas minoritarias del sistema educativo. Además, como un dato preocupante, en algunos casos se puede constatar que en los últimos años se ha observado una creciente devaluación de las lenguas minoritarias y su mayor exclusión de los ámbitos de formación.

La falta de prestigio social del uso de la lengua impacta directamente sobre la posibilidad de su presencia en el espacio público. La principal causa de marginación es la percepción de que se trata de una lengua desprestigiada, a través de la cual no es posible establecer una comunicación ágil con el entorno. Las lenguas minoritarias son vistas como un vestigio del pasado que ha perdido utilidad en el mundo actual. Se crea la sensación y se difunde el mensaje de que su utilización excluye a sus hablantes de las oportunidades del progreso social y económico, de forma que la utilización de tales lenguas limita el acceso a determinados ámbitos de la vida como los contactos institucionales, la influencia política o la presencia en los medios de comunicación de mayor difusión.

La marginación inicial provoca un círculo vicioso que se va ahondando cada vez más: la exclusión crea más exclusión, la marginación provoca una marginación cada vez mayor. Invertir esas tendencias es extremadamente difícil porque contradicen creencias que en algunos casos ya son inconscientes o porque cualquier intento de revertir la situación puede ser visto como una deslealtad en el ámbito político. Sin embargo, la dignificación de las lenguas minoritarias es posible, pero para ello hay que actuar desde la raíz del problema: hay que promover unas sociedades más abiertas y tolerantes con la diversidad y orgullosas de sus propios orígenes.

Las lenguas minoritarias simplemente no pueden competir con las lenguas hegemónicas si nos limitamos a comparar el número de ventas de libros o la influencia pública. Esos parámetros las excluyen desde el principio, y por ello a menudo persisten como algunos de los argumentos más utilizados para demostrar que las lenguas minoritarias no son un vehículo viable en el mercado ni pueden construir un futuro.

Las lenguas minoritarias deben encontrar su propio espacio y se deben promocionar como lo que son: lenguas del entorno inmediato con capacidad de cohesionar su comunidad y de ofrecer una comunicación más estable, más emocional y sentida como propia. El valor de esa proximidad es prácticamente ignorado en el mercado actual del libro. Los argumentos relativos a la inviabilidad económica de los proyectos educativos y de la industria del libro en lenguas minoritarias son repetidamente los mismos y casi siempre basados en su inviabilidad económica.

En los contextos postcoloniales como África y el Caribe, la industria ignora el enorme potencial que podría tener la capacidad de “hablar” la lengua de sus lectores y de buscar una complicidad con sus mundos para abrir “nuevos” mercados que no han sido nunca explorados, pero que existen dentro del mismo Estado, es decir, están al alcance de la mano. La cadena de prejuicios es muy larga y compleja, por eso resulta imposible resolver la marginación con proyectos a corto plazo.

En realidad, la mayoría de los argumentos económicos son en el fondo argumentos ideológicos disfrazados de un lenguaje objetivo y neutral. Para invertir esas convicciones tan arraigadas hay que partir de la premisa de que los mercados son transformables y que los esquemas y el comportamiento de los consumidores pueden ser progresivamente cambiados. Para que el mercado del libro en lenguas minoritarias sea viable, hasta posible, hay que eliminar las barreras que excluyen amplias capas de población de la educación en sus lenguas locales e imposibilitan el uso normalizado en la vida diaria.

Si la segregación basada en el origen, o incluso en el poder adquisitivo, se mantiene, la cultura escrita y la creatividad literaria quedarán limitadas a los círculos privilegiados. La industria editorial debería empezar a aceptar que la estrategia de interactuar solamente con las estructuras ya existentes, de hecho, limita su propio mercado potencial.

En los dos países africanos del estudio, Nigeria y Kenia, llama la atención el hecho de que en las lenguas minoritarias se publican traducciones de obras muy determinadas. Se “exportan”, es decir se traducen al inglés, prácticamente sólo obras lexicográficas y recopilaciones del legado popular. Y se “importan” a las lenguas minoritarias obras extremadamente connotadas: todas las lenguas estudiadas, hausa, yoruba e igbo en Nigeria y swahili, gikuyu, dholuo, kalenjin y oluluyia en Kenia tienen la traducción de la Biblia completa y muchas otras publicaciones espirituales, las lenguas que vehiculan la religión musulmana, textos religiosos del islam o, en el caso del hausa, directamente la traducción completa del Corán. Es impresionante también la cantidad de obras traducidas del ruso en tiempos de la Unión Soviética, hay más de 300 títulos traducidos al swahili documentados en Index Translationum y decenas en hausa y en yoruba. A esas obras de se pueden añadir unas pocas traducciones de grandes clásicos, como alguna obra de Shakespeare, y eso es todo.

La conclusión es grave, es decir, ni las lenguas africanas más consolidadas tienen establecida ninguna red de traducciones —el criollo es también una lengua sin tradición de traducciones— que permita conectarlas con otras tradiciones literarias y así poder formar parte de la literatura universal y participar en las influencias mutuas que son el motor de la creatividad literaria. Las expresiones literarias africanas son vistas como un legado de tiempos remotos, que tiene que ser preservado, pero no tiene ninguna conexión con el mundo moderno.

Una de las medidas más urgentes para invertir la degradación del prestigio social de las lenguas minoritarias en los contextos postcoloniales es hacerlas partícipes del intercambio que constituye la esencia de la literatura universal, traducir y ser traducido. Los obstáculos económicos —las traducciones son percibidas como un producto más caro que la publicación de una obra original, lo que no es necesariamente cierto—, como también la falta de traductores formados, difícilmente pueden ser resueltos desde las estructuras establecidas. Ni en Nigeria ni en Kenia, ni tampoco en Haití, no es de esperar ninguna acción coordinada ni de los gobiernos ni de la industria editorial porque los prejuicios todavía están demasiado arraigados.

El poder de la creatividad literaria reside en su capacidad de crear ab nihilo, los literatos desde siempre trabajan con voluntarismo y ganas de superar las circunstancias adversas. Uno de los objetivos que este Informe quisiera conseguir es mostrar a las culturas literarias debilitadas todo su potencial e inspirarles suficiente confianza en ellas mismas que sí tienen un futuro posible.

No es razonable pensar que las lenguas minoritarias podrán ser estructuradas desde arriba y sostenidas con ayudas externas. En contextos políticos no siempre transparentes las políticas de subvenciones se transforman fácilmente en problemas de corrupción, pero incluso las ayudas externas, aparentemente tan inocuas como llenar las bibliotecas de libros donde los libros escasean, pueden desequilibrar las infraestructuras extremamente frágiles de esos países, como muestra el informe sobre Haití. Los libros que llegan gratis desde el exterior normalmente serán en francés, o incluso en otros idiomas, y eso destruye los esfuerzos por producir libros en la isla, especialmente en criollo.

Las culturas por definición tienen capacidad de autogestión y de crear las estructuras necesarias para que sean viables. Las medidas a favor de las lenguas minoritarias siempre deberían, en primer lugar, intentar la eliminación de los obstáculos que limitan su pleno potencial. Es decir, denunciar las condiciones de marginación y hacer todo lo posible para que puedan desarrollarse libremente.

En cambio, querer demostrar que sin un sostén institucional interno y externo, las lenguas minoritarias no son capaces de funcionar es un argumento que las perjudica gravemente y las presenta, incluso de forma inconsciente, como lenguas dependientes, como lenguas que nunca podrían ser autosuficientes. Es por ello que todas las ayudas económicas deberían ser pensadas para eliminar los obstáculos y corregir los desequilibrios que han llevado a las situaciones de marginación y no como dotaciones de beneficencia.

El proyecto literario de Thiong’o en África y de Aimé Césaire en el Caribe sirven de recordatorio de hasta qué punto es importante fomentar la capacidad de los grupos excluidos de pensar y explicarse su propia situación. Sin ese trabajo en profundidad, las sociedades simplemente no pueden cambiar. También en Serbia, que es hoy sin duda alguna el país más democrático de los cuatro estudiados, fueron escritores como Danilo Kiš los primeros capaces de denunciar los estragos de la falta de libertad de expresión y la ceguera ideológica que marcaron la Yugoslavia Socialista (1943-1991) a pesar de la apariencia de ser un país abierto y tolerante con la diversidad.

Una cultura que no es capaz de afrontar las problemáticas más difíciles y dolorosas de su propia sociedad no es una cultura, sino como mucho un espectáculo. La capacidad de una cultura de crear beneficios económicos reales y contabilizados en cifras objetivas no nos debe llevar a la conclusión de que el valor de los bienes culturales se mide por su peso en oro, por los beneficios directos.

La apuesta por una vida cultural rica, diversificada y libre en sus expresiones crea circunstancias favorables para el desarrollo de todas las otras actividades económicas. Precisamente en el ámbito cultural afloran todas aquellas cuestiones que deben ser resueltas antes de poder hablar de una sociedad del bienestar, justa y equilibrada.

En este sentido, los cuatro países estudiados tienen todavía, en mayor o menor medida, problemas con la censura, la corrupción y en general insuficiencias democráticas y de transparencia. Sería ingenuo esperar que los cambios necesarios para consolidar la presencia de las culturas y las lenguas minoritarias puedan provenir sólo de unos gobiernos, y de una sociedad, que a menudo se rigen por parámetros de control centralizados y por conveniencias políticas.

En los procesos de esas transformaciones sociales profundas no hay recetas predispuestas, un poema, un grupo musical, una fotografía, una novela o un diccionario pueden significar el punto de inflexión. Y es en ese campo de colaboración internacional y protección del pensamiento crítico e independiente de los creadores donde el PEN Internacional trabaja desde su fundación. Las culturas minoritarias y sus creadores deben poder encontrar comprensión y sostén para sus esfuerzos más allá de las fronteras nacionales, especialmente cuando dentro de su país los creadores sufren cualquier tipo de persecución o de falta de libertad.

Las condiciones básicas para el florecimiento de las artes son la libertad de expresión y la ausencia total de censura. Los países de estructuras políticas inestables o poco transparentes no pueden ser equiparados con los ejemplos de éxitos económicos que las industrias culturales han obtenido y obtienen en los países plenamente democráticos.

Cuando falta la libertad de expresión, todos los otros esfuerzos por fomentar la creatividad, y los beneficios que la creatividad produce son en balde. La palabra poética debería preservar, sobre todo en los contextos de violencia e inseguridad, su capacidad de proponer una reflexión valiente y de mostrar las circunstancias tal como son. Demasiados regímenes políticos se sostienen precisamente gracias a la prohibición de toda crítica o la revisión tanto del presente como del pasado.

Las lenguas minoritarias son muchas veces las lenguas de pueblos oprimidos que en el contexto donde viven no pueden expresar sus angustias. Si hay que promover su creatividad, entonces esa creatividad debería servir para poder dar voz a los relatos silenciados y ayudarles a tomar consciencia de su propia situación. La creatividad literaria en lenguas minoritarias no debería ser nunca pensada sólo como un mero adorno de costumbres tradicionales. Las lenguas del estudio que no tienen una codificación de escritura consolidada, o bien no son aceptadas en los ámbitos escritos como un medio de expresión equivalente, son las que tienen que superar los prejuicios más adversos. Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades antes insospechadas para las lenguas sin estructuras propias y sin codificación adecuada. Por primera vez en la historia, la humanidad tiene la capacidad de almacenar y transmitir los contenidos orales más allá del espacio y tiempo dónde fueron producidos. El cine y la televisión son medios caros y precisan estructuras incluso más complejas que la producción de libros, pero la revolución digital ha cambiado sustancialmente las circunstancias y el acceso a lo que podríamos llamar el archivo global resulta más fácil para todas las culturas. Achille Mbebe tituló su famoso ensayo Necropolitica con un proverbio lamba de Zambia: “Dejó sus huellas sobre la roca y hasta él mismo pasó de largo”. La exclusión de las lenguas minoritarias en muchos casos significa exactamente eso, se trata de culturas y lenguas que han sido privadas sistemáticamente del derecho de dejar huella, de inscribirse en la historia.

La revolución digital ha roto las estructuras de la transmisión del saber y ha abierto puertas a que las culturas que no tenían desarrolladas las infraestructuras básicas lleguen a tener acceso a los espacios de comunicación. El impacto de las tecnologías digitales en África o en el Caribe, e incluso en las comunidades lingüísticas de poco peso demográfico en Europa, puede representar una auténtica revolución.

Pero el optimismo desenfrenado por las posibilidades de las nuevas tecnologías está de todos modos fuera de lugar. La situación de las lenguas minoritarias sin codificación es crítica, también desde el punto de vista digital. Una rápida revisión de una herramienta tan popular y libre de acceso como la Wikipedia deshace algunas ilusiones de que todo es posible incluso sin infraestructuras básicas y sin un reconocimiento político. Las lenguas incluidas en el estudio, sin tener en cuenta las lenguas minoritarias de Serbia que son lenguas de los Estados vecinos, como el húngaro o el rumano, o bien las variantes surgidas del glotónomo “serbocroata”, nos dan los siguientes resultados: Más de 10.000 artículos en la Wikipedia existen en criollo haitiano (posición 75 en el ranquin de lenguas wiki), el swahili (posición 94) y yoruba (posición 96). Más de 1.000 artículos están escritos en ruteno (posición 152), en hausa (posición 227) e igbo (posición 240). Y unos 100 artículos se pueden encontrar en gikuyu (posición 243) y en romaní (posición 249 entre las 280 lenguas activas de Wikipedia). Y eso es todo. No hay ni un solo artículo en ninguna otra lengua de Nigeria o Kenia y en romaní, la lengua que aglutina a todos los gitanos de la Europa suroriental, hay tantos artículos como en el viejo eslavo eclesiástico, que ocupa posición número 251 y es una lengua ritual que nunca fue utilizada fuera del culto más arcaico.

Ese es el abismo en la comunicación que hay que superar. Cuando hablamos de las lenguas minoritarias que viven bajo la presión asimiladora no nos podemos hacer ilusiones de que la situación es comparable con las sociedades democráticas donde la cultura puede ser un motor de desarrollo económico.

Es evidente que la evolución más deseada para dignificar las lenguas minoritarias amenazadas, las que no tienen acceso a la escritura de su propia lengua ni puede formar lectores con normalidad, sería educar la población a través de una escolarización formal y obtener al mismo tiempo también el pleno reconocimiento político en su ámbito territorial y funcional. Pero en los contextos estudiados, esos procesos parecen bien difíciles de conseguir en un futuro próximo.

Las lenguas minoritarias por eso simplemente tienen que ser utilizadas en todos los ámbitos posibles, hay que proteger su uso en los ambientes de proximidad e intentar desde todas las instancias internacionales que la asimilación forzosa sea denunciable y evitada. El derecho de las personas a utilizar su propia lengua en los entornos más inmediatos debe ser escrupulosamente respetado. La creatividad espontánea y no regulada es otro gran aliado de las lenguas minoritarias más amenazadas, al lado de la vida familiar y de proximidad. Nigeria es conocida en todo el continente africano por la producción de películas de presupuesto extremadamente bajo y ese es un buen ejemplo de cómo sin medios de producción adecuados, las artes efectivamente pueden florecer. En Kenia, las lenguas sin reconocimiento en esfera pública se hacen visibles en los plafones publicitarios y se utilizan para “textear” los mensajes de teléfono móvil; son usos no regulados ni codificados por ninguna autoridad, pero que mantienen esas lenguas en uso en la vida cotidiana. Lo mismo se puede decir sobre los eventos de poesía en la calle y los grupos musicales. Las lenguas se están formando y se están consolidando, aunque su visibilidad en los contextos formales sea tan precaria. Las lenguas minoritarias, igual como todas las lenguas, también se construyen a través de los ámbitos paralelos a la literatura o la enseñanza, e incluyen tanto la música como la industria publicitaria, los eventos públicos y las actividades de ocio, y los medios de comunicación, sobre todo los programas de radio que permiten transmitir la lengua oral, sin necesidad de codificación de la escritura.

Es probable que la evolución favorable no pase precisamente por una consolidación formal de las lenguas minoritarias a través de la enseñanza ni por su inmediato reconocimiento político, sino porque la presión de su creatividad y el uso llegue a transformar las estructuras existentes. Los sistemas escolares rígidos, inadecuados por su formalismo y sus métodos de aprendizaje, deben ser transformados por sí mismos y en esa transformación, las lenguas maternas de África y el Caribe pueden tener un papel realmente fundamental.

En las escuelas, la escritura creativa no forma parte del currículum. Al menos en los dos países africanos estudiados y en Haití, el entorno escolar es muy formal, de manera que los profesores no admiten ninguna experimentación con la lengua. La posibilidad de expresarse en la lengua materna dentro del entorno escolar, fomentaría el uso creativo del lenguaje.

La lengua debe tener garantizada la libertad de experimentación y también la capacidad de expresar los vínculos emocionales con el propio entorno. La homogeneización lingüística a través de las lenguas coloniales (inglés en Kenia y Nigeria y el francés a Haití) o las lenguas suprarregionales (swahili en Kenia) funciona como un filtro que deja fuera las memorias de la violencia y del sufrimiento por falta de capacidad de esas dos lenguas de crear vínculos emocionales con la realidad.

Un argumento básico para llevar a cabo cualquier campaña de sensibilización y promoción a favor de la creatividad literaria en las lenguas minoritarias sería que sólo las lenguas que la gente realmente utiliza en su vida de proximidad pueden contener toda la carga emocional necesaria para reflejar su propia realidad. Esa necesidad de proximidad incluye no sólo las lenguas locales, sino también los lenguajes híbridos que se han ido creando gracias a las grandes aglomeraciones metropolitanas o, como en el caso de Haití, directamente en todo el país.

Es por ello que es necesario recomendar la implementación de políticas concretas que den a entender que la tradición no es contradictoria con la modernidad y que la gente puede ser moderna sin ser desarraigada y alienada de sus culturas y de sus lenguas maternas.

En todo el mundo, las librerías están ofreciendo cada vez menos obras literarias de cierta complejidad. La industria editorial se centra en un grupo reducido de autores comerciales de éxito comprobado y para esos libros, las campañas de promoción se diseñan y realizan directamente en el nivel global. Los lectores de una literatura diferente, que se aleja de esas tendencias que se imponen gracias a las operaciones de marketing, tienen que buscar las novedades a través de canales mucho menos asequibles para encontrar libros que les interesan y que acostumbran a tener poca divulgación. Sería importante impulsar plataformas internacionales de promoción de libros más “literarios”.

La sensibilidad por la diferencia en todos los sentidos se está perdiendo en el mercado del libro global, incluso cuando los libros están escritos en las lenguas más consolidadas del planeta. La preservación de la producción literaria en lenguas minoritarias, su visualización y su reconocimiento tiene sentido también porque contribuye a mantener viva la consciencia de que el mundo no puede ser reducido a una narrativa predominante, a un corpus de obras reducido que comparten tanto los motivos centrales como la forma de expresión.

La traducción es especialmente importante en este proceso porque da visibilidad a los que son diferentes, aprendemos a entenderlos y convertirlos en parte de la vida pública. A través de la traducción, los escritores minoritarios pueden estar presentes en la cultura dominante, y no sólo en las comunidades literarias especializadas. La traducción participa así no sólo en la promoción de unas culturas específicas, sino que plantea la cuestión de la necesidad de promover los valores de la comprensión y el respeto mutuo en la sociedad.

El mayor peligro en la promoción de las comunidades minoritarias es que nos quedemos atascados en el tratamiento de las culturas minoritarias como estudios meramente folklóricos o etnológicos. La minoría debe ser capaz de comunicarse directamente con la comunidad mayoritaria y con todas las otras culturas. Se debe evitar a toda costa producir la sensación de que se trata de una comunicación entre la cultura contemporánea y una cultura histórica. Siempre, en todos los casos, se trata de una comunicación entre culturas, que tienen cada una su valor relevante y son insustituibles.

El objetivo último de la dignificación de todas las culturas debe ser precisamente la eliminación de las categorías inadecuadas que confunden y mezclan los niveles analíticos, como el uso indiscriminado del término “lengua minoritaria”. El respeto de la diversidad lingüística es una garantía para construir una sociedad más justa y más equilibrada. En este sentido, la creatividad literaria representa la espina dorsal para la adquisición y la transmisión del saber sobre el entorno propio y para la preservación de la memoria y de las tradiciones. Las obras literarias son un medio insustituible para interpretar el presente y proyectarse al futuro. La literatura tiene la capacidad de formular utopías y pensar mundos alternativos, pero ese enorme potencial de transformación sólo puede estar al alcance de una cultura que utiliza su propia lengua con cierta normalidad.

Si partimos de la premisa de que todas las culturas son equiparables en dignidad y capaces de intercambiar sus conocimientos las unas con las otras, no podemos sostener la distinción entre lenguas mayores y lenguas menores. Por eso en realidad no hay comunidades minoritarias. Cada comunidad defiende aquellos valores que son de mayor importancia para ella. Hay que asegurarse de no pensar en términos excluyentes que dividan las culturas.

La evolución literaria y la creatividad sólo son posibles si admitimos la importancia intrínseca de cada una de las culturas. Las literaturas desconocidas deben poder tener un lugar junto a otras literaturas establecidas. Todas las culturas deben tender a desarrollar su propia infraestructura, que les asegure las posibilidades para desarrollar la creatividad y la educación (escuelas, bibliotecas y editoriales) de una manera sostenida y sistemática.

Tenemos que cambiar las actitudes basadas en los puntos de vista hegemónicos. Las culturas minoritarias no son algo que temer, sino algo de que podemos aprender. Es por esto que necesitamos trabajar de manera más amplia para cambiar las opiniones sobre la forma en que vemos las demás lenguas y el valor de otras culturas.

 

Recomendaciones

Recomendaciones a los Estados

1. Aprobar unas pautas mínimas de comportamiento (best practice) dirigidas a los Estados con lenguas minoritarias a fin de permitir que sus hablantes, especialmente entre las comunidades lingüísticas históricamente reprimidas, puedan establecer una identificación positiva con su comunidad de origen y puedan fomentar el desarrollo de su cultura. Las lenguas minoritarias deben estar activamente representadas en la sociedad civil.

2. Modelos más participativos: Promover la transformación de las sociedades hacia modelos más democráticos y participativos, sin censura, basados en un protagonismo más activo de la ciudadanía, sobre todo en los niveles regionales o locales donde están implantadas las lenguas minoritarias.

3. La cultura como fuente de progreso y bienestar: Fomentar la percepción general de la importancia de la cultura para el progreso y el bienestar de la sociedad. Permitir que las comunidades lingüísticas desarrollen estructuras académicas propias a fin de poder adoptar ortografías estandarizadas y producir obras lexicográficas.

4. El sistema educativo: Promover el uso de las lenguas minoritarias en todos los niveles del sistema educativo. En este sentido, se suelen identificar cuatro necesidades: (a) la producción de materiales, tales como ortografías, manuales, diccionarios, gramáticas y otros materiales de alfabetización, (b) la creación de terminología técnica que permita ampliar el léxico de cada lengua y (c) dar a esas lenguas la posibilidad de ser un medio para la enseñanza de la ciencia y la tecnología modernas, (d) promoción y producción de escritura creativa en lenguas minoritarias.

5. Bases de datos e inventarios: Crear en todos los Estados una base de datos relativa a cada uno de sus idiomas minoritarios, detallando sus infraestructuras culturales, sus escritores, editores, etc. con la finalidad de disponer de puntos de referencia para diseñar proyectos concretos. Asimismo, identificar e inventariar los contenidos ya existentes en las lenguas minoritarias, a menudo materiales auto-editados, para identificar oportunidades. Al respecto, es imprescindible la elaboración de bibliografías y estadísticas fiables, basadas en criterios lingüísticos científicos y no politizados.

6. Desarrollo de políticas económicas que aseguren la viabilidad comercial de las industrias creativas del ámbito de las artes, especialmente todas aquellas iniciativas que fomenten la expresión creativa en lenguas minoritarias.

 

Recomendaciones a agentes culturales y editores:

7. Acceso al mercado y a los medios de difusión tradicionales y a los digitales: Intensificar el trabajo en la promoción y la distribución de publicaciones en lengua minoritaria, con el objetivo de encontrar y asegurar una posición distinta para ellos en la cultura dominante y mejorar su consideración general. La promoción debe incluir tanto los medios de comunicación tradicionales como el fomento de la presencia de culturas minoritarias a través de los canales digitales.

8. La traducción desde y hacia las lenguas minoritarias: Identificar y motivar a los posibles traductores de lenguas minoritarias y cultivar el apoyo institucional para la traducción en las dos direcciones. Las obras de las lenguas minoritarias deben tener la posibilidad de ser conocidas fuera de su ámbito, pero los lectores de las lenguas minoritarias también necesitan poder leer en su propia lengua obras de literatura universal.

9. Aplicación práctica del principio de no discriminación: Posibilitar la participación de las obras de lenguas minoritarias en los premios y festivales a nivel nacional en igualdad de condiciones con las obras escritas en la lengua mayoritaria o dominante del Estado. Incluir la producción en lenguas minoritarias en todos los apoyos gubernamentales a la cultura y a la industria del libro y asegurar que las lenguas minoritarias estén adecuadamente representadas en las cuotas de libros de lectura obligatoria en el sistema educativo o en las adquisiciones públicas de fondos para las bibliotecas.

10. Intercambio internacional: Organizar seminarios y talleres, como foros internacionales de intercambio de experiencias, para escritores, editores, traductores y otros agentes relevantes para la creación y publicación de obras escritas en lenguas minoritarias, además de abrir la posibilidad de que los activistas en lenguas minoritarias tengan la posibilidad de establecer colaboraciones.

*Simona Škrabec (Liubliana, Eslovenia, 1968) es escritora, filóloga, estudiosa de la teoría literaria y traductora. Es presidenta del Comité de Traducción y Derechos Lingüísticos de PEN Internacional. Ha traducido varios libros del esloveno al catalán y del catalán al esloveno. Además de estas dos lenguas, domina el castellano, el alemán, el inglés, el francés y el serbocroata. Es licenciada en filología alemana y en literatura comparada por la Universidad de Liubliana y doctorada en literatura comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona en el 2002 con la tesis Els marcs identitaris en el cas de Centreeuropa.  Ha publicado estudios literarios en revistas especializadas, tanto de Cataluña cómo de[Eslovenia, y ha realizado programas radiofónicos sobre la cultura catalana a la Radio Nacional de Eslovenia. Aparte de sus tareas como escritora y traductora, es vocal de la junta directiva del PEN Català y directora de la página web de traducción literaria de la misma organización.

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