Por Pablo Pérez

Es momento de decir que el verdadero peligro que enfrenta la mayoría de los periodistas en México no viene de las ráfagas de una AK47. Es tan sencillo como una apendicitis. Pocos meses atrás, las redes sociales se llenaron de llamados a eventos y cooperaciones para solventar los gastos de la cirugía de un colega mientras se hacía otra colecta para pagar el tratamiento de otro, los dos reconocidos a nivel internacional.

Los periodistas de México trabajan, la mayoría, sin seguridad social, sin contrato y recibiendo pagos ridículos de hasta 50 pesos (3.5 USD) por foto o nota. Los periodistas mexicanos se mueren de hambre y de enfermedades curables.

“Los periodistas mexicanos mueren porque México está en una crisis profunda de violencia.”

No los acompañan quienes cubren fuentes deportivas o de negocios, mucho menos los de noticias soft como turismo, vida y estilo, aunque sí están presentes los de arte y cultura. Los diarios están llenos de redactores que publican notas halagüeñas sobre empresarios y deportistas, pero que no investigan nunca lavados de dineros ni malversaciones de fondos, ni hablar de las recomendaciones de hoteles y restaurantes.

Estos temas le dejan dinero a los medios y tal vez por ello tampoco marchan en protesta sus directores, que saben que les da mucho más beneficios la publicidad pagada de un hotel que la denuncia de un gobernador. Los periodistas mexicanos se mueren de olvido.

Algunos medios tienen clarísima su balanza comercial, recibiendo más del 70% de sus ingresos del erario a través de publicidad oficial, en esos medios existen temas intocables, personas que no se pueden señalar, territorios que no se deben mencionar. Desde sus columnas, otros “periodistas” denostan a los muertos porque “lo mataron en un picadero” o denuncian a los que protestan sus muertes: “Los periodistas no deben ser noticia, dejen de llorar y póngase a trabajar”. Esos columnistas, cuya opinión se repite en radio y televisión, ganan el equivalente al sueldo de muchos reporteros de la calle. Los periodistas mexicanos se mueren de vergüenza.

Y si hablamos de salud emocional, los números tampoco son tranquilizadores, el último estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México calcula que 41% de los periodistas mexicanos sufre de estrés postraumático, 42% de depresión y un escandaloso 77% sufre de ansiedad. En el día a día, aún quienes no ven muertos, reciben los testimonios de familiares de desaparecidos o víctimas de violencia, corrupción e impunidad, redactando notas sin la certeza de que su trabajo sirva de algo, y quedándose con terrores que hacen que dormir sea cada vez más difícil. Los periodistas mexicanos se mueren de miedo y ansiedad.

Y, claro, siguen matando periodistas, más de uno por mes, particularmente trabajadores de medios pequeños en provincia, pero eso no libra de un balazo al director de uno de los grandes regionales o de un secuestro exprés a los trabajadores de una televisora extranjera.

Eso sí es culpa directa de un gobierno fallido que permitió que la violencia se instale en todo el país, que la impunidad haga que los sicarios no lo piensen dos veces antes de jalar el gatillo y que la corrupción sea moneda de cambio entre los miembros de todos los partidos una vez alcanzado un poder, por más delimitado que este sea.

Los periodistas mexicanos mueren porque México está en una crisis profunda de violencia, y dentro de ella siguen queriendo trabajar informando, con muchas limitaciones, lo que pasa en sus territorios más cercanos, explicando cómo se enriquecen los exgobernadores…

Los periodistas mexicanos siguen recorriendo esas carreteras que saben tomadas por el narco y llevando al límite sus protocolos de seguridad porque la noticia es una especie de pasión difícil de explicar.

El periodismo mexicano no se ha muerto tras más de 10 años de guerra contra el narco, no se ha muerto tras 80 años del caciquil régimen priista, no se ha muerto aunque maten a los periodistas, hay una resiliencia ahí que no se entiende, pero probablemente tiene que ver con el objetivo más noble del periodismo como un servicio social, como algo necesario.

Por eso no podemos dejar que maten más periodistas mexicanos.

 

*Pablo Pérez es periodista.  Reportero de TeleSUR, corresponsalía México.

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