Por Celia del Palacio

¿Para qué sirven los números? ¿Qué significa 13, 15 o 16? ¿Desde cuándo, desde qué año estás contando? No sabemos cuántas son. Entre 2012 y 2015, más de nueve mil mujeres llegaron a hospitales, víctimas de violencia de género en Veracruz. Murieron más de mil. Oficialmente no existen y sin embargo han muerto a golpes, ahogadas, quemadas, tiradas en los cañales con ojos y manos vendadas, desangradas en hoteles de paso, asfixiadas, decapitadas, arrojadas peor que perros en camellones. Otras desaparecen en callejones, en esquinas oscuras y nadie las vuelve a ver.

Los números no sirven para calificar un lugar. Duele más decir Veracruz, así nomás.

Duele callar las palabras: secuestro, asesinato, violación. “¿Feminicidio? ¡Aquí no hay!”

Pocos periódicos hablan de ellas. No merecen atención. Prevalecen en la prensa las voces oficiales que condenan o reprimen, otra vez.  “Se fue con el novio”. “Se lo merecía por vestir así”. “Ella se lo buscó”. “Era prostituta”. “Seguro andaba en malos pasos”.

¿Y las mujeres que escriben? ¿las periodistas? ¿las que ejercen, las que pelean por la libertad de expresión?

Duele decir Regina, duele decir Yolanda. A fuerza de golpes alguien les cerró la boca. Como sus antepasadas, merecían morir lentamente, aunque ya no al fuego que purifica a las hechiceras o rebeldes,  sino a golpes, asfixiadas, decapitadas, o aún peor. Es el precio de decir lo que no se debe. Es el precio de existir.

¿Quién cerró para siempre los ojos de Regina? ¿Quién silenció su voz? ¿Qué mano aviesa registró sus cosas? ¿Qué pluma maldita después de muerta la condenó? No bastaba la muerte: había que arrastrar su vida por el fango, había que inventar valses infames, prendas, zapatillas, amistades peligrosas…Ignominia vil.

Duele decir Sayda, Verónica, Patricia, Claudia, Susana Leticia, Lourdes, Norma, Silvia, María José. Periodistas despedidas, periodistas vilipendiadas en campañas mediáticas ad hoc, periodistas amenazadas de muerte y cercadas en su casa por grupos de choque, periodistas encarceladas con saña, más allá de la razón. Duele no saber los nombres de las otras, las violadas y doblemente víctimas.

Pocos periódicos hablan de ellas. No merecen atención. Prevalecen en la prensa las voces oficiales que condenan o reprimen, otra vez: “Ella los invitó a pasar”, “Periodistas como tú, terminan jodidas”, “¿Quién le manda andar con ellos?”, “¿Por qué aceptó el aventón?”.

¿Libertad?  “No te rebeles”. “No le contestes”. “No te vistas así”. “Mejor no pases por ahí”. ¿De expresión? “No publiques eso”. “Bájale ya”. “No te metas con fulano”. “Eso no se puede decir”.

Los números no sirven para calificar un lugar. Duele más decir Veracruz, así nomás.

 

*Celia del Palacio es escritora e historiadora. Miembro de PEN México, del Sistema Nacional de Investigadores de la UNAM y de la Academia Mexicana de la Historia. Autora de Las mujeres de la tormenta (Suma de Letras, 2012) y Hollywood era el cielo (Suma de Letras, 2014), entre otros títulos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s